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domingo, 26 de julio de 2020

MIGUEL LÓPEZ "TRUJILLANO": DECANO DE LOS MATADORES DE TOROS PERUANOS










Por; Carlos Castillo Alejos

MIGUEL LÓPEZ "TRUJILLANO": DECANO DE LOS MATADORES DE TOROS PERUANOS




Miguel López Paredes "Trujillano I" nació en Trujillo (La Libertad) el 26 de julio de 1927. Hijo de don Miguel López López López "Trujillanito" -fundador de la dinastía- y doña Jesús Paredes Carranza.

Toreo por primera vez a la edad de 8 años un becerro en la antigua Hacienda de Chiclín, propiedad de los Hermanos Larco Hoyle. Inicia su carrera novilleríl bajo la atenta mirada de su padre, quien le guía y aconseja. Torea por primera vez en la plaza de toros de Acho el 6 de mayo de 1945, obteniendo un gran triunfo que repite cuatro domingos seguidos.

Después de torear por las diferentes plazas de Perú y Bolivia viaja a España en 1948, debutando en la plaza de toros Maestranza de Caballería de Sevilla el 6 de junio del mismo año con novillos de Félix Moreno y por su gran actuación es contratado para cuatro tardes más. En la segunda novillada es cogido por un novillo de Francisco Chica que le infiere una grave cornada en la pierna, de 35 centímetros de profundidad. Este percance lo aleja de la actividad por mes y medio. Muy débil reaparece en Barcelona y es nuevamente corneado por un novillo de Fonseca, de 26 centímetros. Ya recuperado, debuta en la plaza de toros de Las Ventas del Espíritu Santo de Madrid el 10 de agosto de 1948, con novillos de la Viuda de Molero, alternando con Moreno Reina y Luis Sánchez "Diamante Negro". Gracias al triunfo apoteósico conseguido esta tarde torea cinco domingos consecutivos.

El año siguiente actúa en dos novilladas en Madrid, cuatro en Sevilla, además en Barcelona, Córdoba, Pontevedra y otras plazas más. Obteniendo también éxito en plazas de Francia y Portugal. En este último país salió a hombros en Lisboa. Esos triunfos le valen para ser contratado en México, donde debuta en la Monumental Plaza México el 16 de septiembre de 1950, triunfando en grande, cortando dos orejas y rabo a un novillo de Zacatepec, y salir a hombros de la plaza. Actúa en los años 50, 51 y 52 en casi todas las plazas mexicanas.

Regresa al Perú el año 1953 y torea cinco novilladas consecutivas en la plaza de Acho. Estos triunfos
hacen que este mismo año, el 12 de abril, tome la alternativa de matados de toros de manos del matador español Rafael Ponce "Rafaelillo", siendo testigo el también hispano Rafael Llorente. Los toros fueron de La Viña y el de la alternativa se llamó "Mensajero" con un peso de 522 kilos. Fue premiada su labor con merecida ovación en el toro del doctorado, el toricantano que vestía de caña y plata. En el segundo toro de su lote, después de una vibrante actuación coronada con una certera estocada que hizo rodar a la res sin puntillas, corta dos orejas y sale a hombros de la plaza. En los años siguientes actúa en ruedos de Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia, Venezuela y España.

En 1966, en Barco de Ávila, en un festival taurino en el que alternaron solamente tres toreros peruanos se despide de los ruedos españoles cortando tres orejas y un rabo. Sus compañeros de cartel los matadores peruanos Antonio Castillo y Fernando Álvarez también merecieron la puerta grande.

Su hermano Manolo López "Trujillano II" empezó como novillero y después pasa a las filas de los destacados banderilleros. Su hijo José Carlos se hizo novillero y Rafael picador de toros.

"Trujillano" es un torero que derrochó valor, mostró su arte y regó su sangre en todos los países taurinos, dejando muy en alto el pendón nacional. En la actualidad es el decano de los matadores nacionales en retiro, quien por sus pergaminos y trayectoria bien merece se le rinda un justo homenaje en vida. Ojalá así sea.




viernes, 10 de julio de 2020

TOREROS PERUANOS EN EL RECUERDO: BANDERILLERO ÁNGEL SOLIMANO “ANGELILLO”









Carlos Castillo Alejos







.................................. ÁNGEL SOLIMANO “ANGELILLO”............................................................



Ángel Evaristo Solimano Sardi nació en Canta (Lima) el 14 de octubre de 1917. Hijo de don Alfredo
Solimano Gisolfo y doña Luisa Sardi Casanova.

Su afición nace de vivir en las afueras de la puerta de sombra de la Plaza de Acho, en la Calle "La Aspiración", en el Barrio del Rímac. Su vida taurina la empieza como monosabio. Posteriormente, a la edad de 12 años, sale de banderillero en la Plaza "Juan Belmonte" de Tarma (Junín) en compañía de Adolfo Rojas "El Nene", quien alternaba con "Miura" y César Sánchez. Actuando luego en las plazas de Canta (Lima) y Carhuaz (Ancash). Esporádicamente actuó como novillero.

Debutó en la Plaza de Acho el 12 de octubre de 1941, en una novillada en la que alternaban Guillermo Rodríguez "El Sargento", "El Nene" e Isidoro Morales, con ganado de Arequipa. Durante su carrera taurina recibió los consejos de su padrino Alejandro Arrieta "Moyano de Lima", Rafael Valera "Rafaelillo" y José Murro.

Su primera cogida de importancia fue en la última corrida del matador mexicano Fermín Espinoza "Armillita" en el año 1942, con ganado de Asín, al banderillear el sexto toro resultó herido en el muslo. Durante su dilata vida profesional recibió doce cornadas, tres de ellas en la plaza de Acho, algunas de ellas de gravedad.

El 15 de noviembre de 1942 fue premiado por el Jefe de Estado, Manuel Prado Ugarteche, en tarde en la que "Armillita" cortó dos orejas y rabo a un toro de La Viña.

Fue un destacado y eficiente peón de brega y pinturero banderillero de lujo. Destacó por sus buenas maneras. Siempre se mostró muy reposado, con gran voluntad. Manejó el capote de brega con soltura, inteligencia y experiencia. Logró los aplausos al ejecutar la suerte de banderillas por su forma y estilo colocándose en un lugar preferente entre los rehileteros nacionales. Ha toreado con todas las figuras del toreo de los años cuarenta hasta los setenta. Ha actuado también ruedos de Bolivia, Ecuador, Chile, Cuba, España y Marruecos.

Tuve la suerte de que me representará en algunas de mis actuaciones como novillero recibiendo importantes consejos. Siempre será recordado por su amena conversación, el detallismo a la hora de contar sus experiencias y, sobre todo, por ser un gran caballero y mejor amigo.

Antes de ser torero fue un buen futbolista del Club Manuel Acevedo del Rímac. En las canchas de fútbol se le conocía con el nombre de "Nonem".

Falleció en Lima el 2 de enero de 2011 a los 93 años de edad.



El escritor Samuel Joya dedicó un pasacalle a "Angelillo":

La vieja plaza se ha vestido de sus galas,

de sangre, de arena y de sol,

en sus tendidos se ha volcado la afición

con alegría delirante

y con ansías de aplaudir a su lado.

Y es que ha salido a los medios

un chavalillo precoz

que con salero y elegancia toreará,

él se ceñirá, él se animará,

es el valiente “Angelillo”

una promesa taurina

que al lado de su maestro

el bravo “Moyano” se está perfilando.

¡Olé! la fiesta bravía,

viva el chaval sin igual

que en esta tarde de toros

sus hechuras lucirá.

sábado, 25 de abril de 2020

TOREROS PERUANOS EN EL RECUERDO: BANDERILLERO ÁNGEL SOLIMANO “ANGELILLO”





 Carlos Castillo Alejos



TOREROS PERUANOS EN EL RECUERDO: BANDERILLERO ÁNGEL SOLIMANO “ANGELILLO”

Ángel Evaristo Solimano Sardi nació en Canta (Lima) el 14 de octubre de 1917. Hijo de don Alfredo Solimano Gisolfo y doña Luisa Sardi Casanova.

Su afición nace de vivir en las afueras de la puerta de sombra de la Plaza de Acho, en la Calle "La
Aspiración", en el Barrio del Rímac. Su vida taurina la empieza como monosabio. Posteriormente, a la edad de 12 años, sale de banderillero en la Plaza "Juan Belmonte" de Tarma (Junín) en compañía de Adolfo Rojas "El Nene", quien alternaba con "Miura" y César Sánchez. Actuando luego en las plazas de Canta (Lima) y Carhuaz (Ancash). Esporádicamente actuó como novillero.

Debutó en la Plaza de Acho el 12 de octubre de 1941, en una novillada en la que alternaban Guillermo Rodríguez "El Sargento", "El Nene" e Isidoro Morales, con ganado de Arequipa. Durante su carrera taurina recibió los consejos de su padrino Alejandro Arrieta "Moyano de Lima", Rafael Valera "Rafaelillo" y José Murro.

Su primera cogida de importancia fue en la última corrida del matador mexicano Fermín Espinoza "Armillita" en el año 1942, con ganado de Asín, al banderillear el sexto toro resultó herido en el muslo. Durante su dilata vida profesional recibió doce cornadas, tres de ellas en la plaza de Acho, algunas de ellas de gravedad.

El 15 de noviembre de 1942 fue premiado por el Jefe de Estado, Manuel Prado Ugarteche, en tarde en la que "Armillita" cortó dos orejas y rabo a un toro de La Viña.

Fue un destacado y eficiente peón de brega y pinturero banderillero de lujo. Destacó por sus buenas maneras. Siempre se mostró muy reposado, con gran voluntad. Manejó el capote de brega con soltura, inteligencia y experiencia. Logró los aplausos al ejecutar la suerte de banderillas por su forma y estilo colocándose en un lugar preferente entre los rehileteros nacionales. Ha toreado con todas las figuras del toreo de los años cuarenta hasta los setenta. Ha actuado también ruedos de Bolivia, Ecuador, Chile, Cuba, España y Marruecos.

Tuve la suerte de que me representará en algunas de mis actuaciones como novillero recibiendo importantes consejos. Siempre será recordado por su amena conversación, el detallismo a la hora de contar sus experiencias y, sobre todo, por ser un gran caballero y mejor amigo.

Antes de ser torero fue un buen futbolista del Club Manuel Acevedo del Rímac. En las canchas de
fútbol se le conocía con el nombre de "Nonem".

Falleció en Lima el 2 de enero de 2011 a los 93 años de edad.

El escritor Samuel Joya dedicó un pasacalle a "Angelillo":

La vieja plaza se ha vestido de sus galas,

de sangre, de arena y de sol,

en sus tendidos se ha volcado la afición

con alegría delirante

y con ansías de aplaudir a su lado.

Y es que ha salido a los medios

un chavalillo precoz

que con salero y elegancia toreará,

él se ceñirá, él se animará,

es el valiente “Angelillo”

una promesa taurina

que al lado de su maestro

el bravo “Moyano” se está perfilando.

¡Olé! la fiesta bravía,

viva el chaval sin igual

que en esta tarde de toros

sus hechuras lucirá.

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Don  ''ANGEL SOLIMANO SARDI "ANGELILLO"

Jorge M. Arancivia

Pocas otras cosas transmiten la imagen de poder y fiereza que un toro de lidia recién salido del toril pidiendo guerra: una tromba de quinientos kilos, bufadora, dando vueltas por el redondel y con dos cuchillos enhiestos ávidos de clavarse en lo que sea.

Mi primer recuerdo de Angelillo es haberlo visto enfrentándose a una de estas fieras en la plaza de Acho, en la época en que los peones de brega daban los lances de tanteo –es decir, tenían el primer contacto con el toro recién salido- mientras el matador observaba las trayectorias y los resabios del animal desde el burladero antes de disponerse él mismo a lidiarlo. Ni recuerdo quién era el matador en esa ocasión, pues yo tenía siete u ocho años, pero una escena sobrecogedora vive intacta en memoria hasta hoy: Angelillo dirigiéndose al toro que acometía con todo su poder, y tropezando en su misma cara –un terrible ¡ay! en los tendidos-, y la improvisación del quite que se hizo a sí mismo, echando el capote al aire por encima de la cabeza mientras caía al suelo y desviando los cuernos un palmo por encima de su montera. La plaza entera lo ovacionó de pie y el matador le indicó que se destocase para saludar, pues los subalternos no pueden quitarse la montera sin el permiso de su superior jerárquico: en las corridas de toros las formas y la jerarquía, así como la puntualidad, se respetan más que en cualquier otra actividad. ¿Será acaso que una rígida estructuración de las acciones en esos coliseos protege, como un espejismo de ritual controlado, a quienes se enfrentan a la muerte en la arena?



Un par de años después de esa proeza de habilidad, reflejos y sangre fría, fue que le pedí a Angelillo
que me enseñara a torear. Fue en Huampaní, que estuvo de moda allá por los años cincuenta y donde muchas familias limeñas alquilaban por unos días los chalets que allí ofrecían para gozar del limpio sol de Chaclacayo, especialmente durante los húmedos inviernos de la capital. Era un edén para los niños: la novedad de poder elegir a la carta (austero menú) las tres comidas en el inmenso comedor del complejo, trocándolas de momento por el omnipresente arroz con los guisos de la entrañable cocina casera; tener el día entero para holgar por los enormes vericuetos arbolados, eso sí que reportándonos con frecuencia ante la vigilancia paterna; y jugando hasta cansarnos con las máquinas de fulbito y otras atracciones en el salón; y, sobre todo, los ilimitados chapuzones en la piscina a la intemperie, entre los montes y el bosque frondoso con el aire más puro que los pulmones pudieran admitir. Huampaní era el regalo más codiciado para los niños de mi generación durante las vacaciones de julio y, por tanto, durante la época de las Fiestas Patrias el centro estaba repleto. Las reservaciones tenían que hacerse con semanas o meses de anticipación.

Así, contando no más de nueve o diez años de alborotado habitante terrícola, una de esas mañanas de apiñada congregación en el comedor de Huampaní distinguí, en una mesa contigua, una cara conocida –trigueña clara, rasgos finos, pelo ondulado- que ya la había visto antes asentada sobre un cuerpo envuelto en un traje de luces, en varias temporadas en la plaza de Acho (mi padre me llevó a los toros desde que tuve uso de razón, y por esa época yo soñaba con ser torero): ¡el mismo banderillero del famoso auto-quite, Angelillo! Estaba acompañado de una señora muy blanca y de facciones hermosas, que mostraba una sonrisa buena. Cuando uno tiene 10 años, cualquier mujer –cualquier persona- de veinte o mayor califica para el asilo. Por eso, en mi recuerdo, Gladys –que así se llamaba la flamante esposa de Angelillo- era una “señora grande” de unos veinte a veinticinco años de edad. Previa autorización paterna, mi hermano y yo nos acercamos a la mesa de estos egregios comensales –después nos enteraríamos de que eran lunamieleros– para saludarlos (“¡Hola, tú eres Angelillo”!), y ellos nos recibieron con mucha simpatía y hasta cariño –quizá porque un subalterno de la lidia no estaba tan acostumbrado, como los matadores de éxito lo estaban, a que se les reconociera en el restaurante de una villa vacacional, a muchos kilómetros de la plaza- y así, por una genuina bonhomía o por la gratitud de un ego ensalzado, Angelillo firmó la sentencia de su tortura. No creo que ningún otro recién casado, desde que se inventó la luna de miel, haya estado sometido a un acoso tan inclemente como el que dos niños fanáticos de los toros –y muy impertinentes- le prodigaron al ciudadano Angel Solimano, cuyo remoquete taurino fue “Angelillo”, y a su bonita novia.


Un par de días antes, mi hermano y yo habíamos descubierto que en un paraje de los alrededores pastaba una vaca vieja, llena de mataduras y con la cornamenta recortada, atada a un árbol. Nuestra imaginación infantil habría visto, en vez de unos molinos de viento, a un terrible miura listo a despanzurrarnos. Por eso, jamás nos acercamos al animal a más de unos cinco o seis metros, claro que amparados en los cubrecamas del dormitorio que, a guisa de capotes, los habíamos sacado subrepticiamente del chalet. Citábamos a la vaca a la verónica, con el trapo por delante, imitando con nuestros cuerpos el garbo de los matadores, y por supuesto que, como si la cosa no fuese con ella, la vaca seguía agenciándose su sustento de la broza del terreno. Pero por nada del mundo nos atrevíamos a acercarnos, pues muchas veces habíamos vistos volar a los diestros como unos peleles cuando eran cogidos, y no queríamos exponernos a ello sin el beneficio de un quite y de una enfermería al canto.

Entonces, lo lógico era que quien se acercase a la fiera fuese alguien del oficio, un profesional que estuviese a la mano. ¡Y qué a la mano!


Por lo menos durante toda una semana y casi a todas horas del día, mi hermano y yo íbamos en taurómaca romería hasta el chalet de Angel y Gladys, algo más alejado que el resto, como correspondía a la privacidad de los recién casados. Por razones intuidas -en nuestra ya algo disipada mente infantil-, los novios pasaban la mayor parte del tiempo dentro que fuera; entonces, en cualquier momento del día –la noche entera sí los guarecía del asedio- dos mocosos palomillas se llegaban hasta la puerta del torero y su mujer a gritar en coro: “¡Angelillo, enséñame a torear”!

Y, dando muestras de una paciencia más que jobiana, al cabo de unos momentos siempre aparecía Angelillo, algunas veces despeinado y con el estigma de la modorra en el rostro, pero de buen talante y sonriente. Entonces nos íbamos a torear a la vaca. Torear a la vaca era acercarnos hasta tocarle los cuernos -la proeza que nos enseñó Angelillo- sin necesidad de una manta. ¡Era tan bravo nuestro torero que ni necesitaba un engaño para dominar al bovino! Jamás le advertimos temor en los ojos cada vez que se acercaba a la bestia corrupia de nuestra imaginación, y ese valor sobrehumano nos alentó a mi hermano y a mí para acercarnos y sentir que los tendidos de fantasía -que eran los árboles de ese paraje- se estremecían ante dos niños valientes que desplantaban a la bestia ya domada.

Sólo una vez sentimos algo parecido al remordimiento en una de nuestras convocaciones al maestro: una tarde adormecida, a la hora de la siesta, encontramos a la pareja en un sillón del breve patio delante del chalet. Gladys, que estaba sentada sobre el regazo de Angelillo, tenía las piernas expuestas, y él dejó de acariciarlas apenas nos divisó. Ella se levantó y corrió adentro, mientras él, sin gesto agrio, nos llevó a torear a la vaca, y en el camino nos enseñaba cómo agarrar bien la manta que hacía de un improvisado capote gris sin esclavina.

Hay que poner las cosas en un contexto que permita comprender las razones de este par de chiquillos.

La afición a los toros, por lo general, se mama. Hay quienes llegan a ella en la adolescencia o, aún, durante la adultez. No es lo mismo. Ya uno tiene sus valores más o menos firmemente establecidos. La muerte de un animal tras un tormento de veinte minutos puede hacer mucha mella en quienes asisten a una corrida de toros por primera vez en edad racional. En cambio, para cualquier niño que haya ido a una plaza de toros, generalmente de la mano de su padre u otro familiar adulto, antes de la formación del juicio, o sea antes de los siete u ocho años, el espectáculo se asimila como algo de lo más natural. Así, también, ocurre con las peleas de gallos, la caza y la pesca -estas dos últimas actividades muy comunes en casi todas las culturas-. Nadie ha podido demostrar que un toro sufre más que un merlín, el cual, también, durante varios minutos lucha por su vida con un enorme anzuelo enganchado en la boca, mientras el pescador –la mayoría de las veces deportivo, y sin la intención de aprovechar su carne- le suelta el cordel para darle la ilusión de un escape y que así se fatigue más pronto y amengüe la resistencia. O la caza de las ballenas en las Islas Feroe, en Dinamarca, donde el mar se tiñe con la rojez de la sangre tras una masacre anual. Estos cetáceos –decenas de ellos- se acercan a la orilla en busca de alimento, donde los jóvenes les asestan golpes con una especie de machete: les seccionan la médula espinal y los paralizan. Lo mismo se puede decir de los safaris y hasta de la caza de los pichones con una escopeta de perdigones, por el mero placer de acertar en un blanco vivo y volante. La naturaleza es cruel, y el ser humano es parte de esa selva donde la ley es comerse a unos seres vivos o que ellos te coman a ti.


Muchas veces, por remilgos escrupulosos de la madurez, he puesto en revisión mi afición por las corridas de toros, y mi inteligencia me ha dicho que es una fiesta bárbara y cruel. Entonces, mi opción humana, a la luz de un razonamiento más sabio y añejo, tuvo que haber sido renegar de ella, como ha ocurrido con algunos aficionados que devinieron antitaurinos. Pero, como en todos los ámbitos del vivir, en lo que se refiere a las corridas de toros no sólo manda la razón, sino que hay, también, un conglomerado de motivos sustentados en la emoción, la costumbre, la tradición, en fin, en todos esos elementos culturales que configuran a los pueblos y que no siempre atienden a la piedad ni a la inteligencia. No me cabe la duda de que el espectáculo de la tauromaquia está finalmente condenado a desaparecer. Pero lo mismo tendrá que ocurrir primero con la pesca y con la caza deportivas, actividades del matar por matar –muy poco cuestionadas en el mundo “civilizado”– y que no necesariamente sacian hambres humanas y que ni alimentan arte ninguna. Es más, ojalá que un día los humanos no tengamos que matar animales para alimentarnos de ellos. Pero por el momento las cosas son como son, y nosotros somos los hijos de nuestro tiempo.

Es absurdo atribuirle a un animal las características humanas y proyectar en ellos los atributos tan abstractos como el honor, la elegancia y el derecho. Sin embargo, así como –también- a través de los milenios, y hasta en épocas recientes, se le atribuyeron a ciertas deidades unas características tan humanas como la pasión, el odio, la venganza y la ira, permítaseme por un caprichoso instante, en aras de una dialéctica entecona, dotar al toro de lidia –quizá el animal más hermoso y, por cierto, la imagen suma de la fuerza y la bravura- con el poder de decidir su destino. Si pudiera averiguarse su preferencia, ¿decidiría este animal ir a morir al matadero, electrocutado o a golpes, o ser castrado y llevar el yugo para arar la tierra hasta su muerte? ¿O sería su elección el morir como un gladiador armado, con el derecho de matar también, tras un cuarto de hora de lucha sangrienta? No lo sé, ni nadie nunca lo sabrá; pero, si en el reino bovino existiese la variedad de pareceres que nos caracteriza a la especie dominante, y siendo su destino final proveer de carne a los hombres, sospecho que la mayoría de los toros –especialmente los de lidia, nacidos y criados para luchar- irían por lo segundo.

Durante los años de nuestra juventud, cada temporada taurina mi hermano y yo esperábamos la

llegada de las cuadrillas a la plaza en las tardes de toros, y cómo nos envanecía que uno de los lidiadores, por más que vistiese la plata en lugar del oro, nos reconociera entre el gentío y nos llamara por nuestros nombres y que nos abrazara con afecto. También veíamos a Angel en casa del tío Amadeo Bresciani, quien, por mucho tiempo, fue el factótum de la actividad taurina en el país, en su condición de director de espectáculos de la Municipalidad del Rímac, pero, sobre todo, por su condición de ser –tal vez- la persona más entendida en los intríngulis de la fiesta brava en Lima

Muchos años nos separaron de Angel, hasta que una tarde de toros -ya maduros mi hermano y yo- nos lo encontramos en el tendido como un espectador más. Estaba viejo y flaco, y había tristeza en su expresión, la cual se tornó llanto franco cuando le preguntamos por Gladys : “No quiero hablar de ella”, nos dijo, y no insistimos al respecto.

Varias veces después lo vimos en la plaza, tocado con una cachucha y en silla de ruedas, y tenía esa
expresión de los que ya no andan por aquí. Una vez que nos acercamos no nos reconoció, pero así y todo le recordamos quiénes éramos y, otra vez, se puso a llorar. A partir de ahí decidimos no volver a perturbarle la vejez con unas memorias evidentemente dolorosas y nos limitábamos a verlo de lejos con el cariño de siempre. Más todavía, porque en la madurez comprendíamos mejor hasta qué punto había sido un hombre bueno con dos niños impertinentes y desconocidos.   Ignacio.


jueves, 16 de abril de 2020

EL BAUTISMO DE SANGRE DE JOSELITO EL GALLO







Por; Luis Muñoz Palomo

REFRANES O FRASES EN TAUROMAQUIA.

Los grandes toros, son los que llevan un cortijo en cada pitón.



EL BAUTISMO DE SANGRE DE JOSELITO EL GALLO.

El bautismo de sangre del menor de los hijos de la Seña Gabriela, se produjo el día 1 de Septiembre
del año 1912, en Bilbao, fue un novillo de Escribano Gama el que lo hirió en un brazo, y le dio una gran paliza. Conmovió a la afición en sus más hondos sentimientos. La figura ya gigantesca del joven ídolo adquirió extraordinario relieve con aquel accidente desgraciado. Porque si antes había expectación en el público por presenciar las faenas de Joselito El Gallo con verdaderos toros y al lado de matadores de categoría, después era más el sentimiento de volver a ver a la figura de aquel niño torero.
Es sabido que los toreros tienen dos etapas definitivas en su vida de torero, antes y después de la corná. Hay diestros que se crecen después del primer percance serio, y los hay por el contrario que les toman asco a los pitones de los toros, y antes se quedan ciegos que mirar al morrillo.
He aquí por qué causó grandísima expectación la nueva presentación de Joselito El Gallo. Porque el día de su alternativa tendría dos alicientes grandísimos para la afición:
Habérselas con toros formales y habérselas después del primer desgarrón de piel. Con esto y con el arte que supo en poco tiempo conquistar el torero sevillano a toda la afición, no era muy aventurado pronosticar que, el porvenir que se le presentaba pudiera ser muy bien hacer presencia con uno de sus más elegantes vestidos:
Por venir, Rosa y Oro. Rosa por las palmas, los sombreros, los tabacos y los billetitos perfumados que le quedaban por recibir; Oro por las peluconas que dentro de poco guardaría en sus arcas.
Su curación estuvo a cargo del notable Doctor Mascarell.
Y en la noche llegó a Madrid la Seña Gabriela madre de Los Gallos para cuidar al menor de sus hijos, no separándose ni un solo momento de la cabecera del enfermo.
Días después Joselito preguntó al Hermano mayor de la Esperanza:
Cuanto pueden costar unos varales de oro para mi Reina ? Joselito se fue al otro mundo con esa pena. Pudo comprarle en una joyería francesa las famosas mariquillas y tenía la intención de comprarle esos varales de oro, pero Bailaor en Talavera de la Reina evitó que el torero cumpliera su propósito.

En la fotografía derecha inferior, Joselito El Gallo recibe la alternativa de manos de su hermano Rafael.



EL PEOR MAL.

Más tuvo de alegre que de otra cosa el toreo que practicaba Francisco Herrera Rodríguez “ Curro Guillén.” Sus airosos galleos y sus ceñidos recortes eran cada vez más aplaudidos. Alcanzó fama insuperable en su época ( 1783- 1820 ) era el más solicitado de todos y a él pertenece la semblanza contenida en la décima siguiente:

Salta, bulle, juguetea,
lances raros improvisa,
que al entendido dan risa,
por ser cosa de capea.
Hay quien su toreo afea
por poco serio y formal,
más la masa en general,
jaleándole le obliga,
a que sus monadas siga
practicando por su mal.

Pero su peor mal fue la cornada que le ocasionó la muerte en la plaza de Ronda, el día 20 de Mayo del año 1820.




miércoles, 8 de abril de 2020

¨El Huracán de los Andes¨





POR AMOR AL ARTE entrevista con Karla Poggi 

Andres Roca Rey on la fuerza propia de un huracán, (@RocaRey)¨El  Huracán de los Andes¨ la primera vez que toreó fue a los tiernos siete años, despues de haber toreado en Lima Peru su patria natal debutó como novillero en España en el 2013. Con caballos en el 2014 en el pueblo francés de Captieux, luego toreó en importantes plazas como la de Arnedo y en otras plazas de Sudamérica, resaltando Colombia y un mano a mano con su compatriota Joaquín
Galdos en Acho (Perú). Su primera novillada del 2015 fue en Las Ventas, donde salió por la puerta grande cortándole una oreja a cada novillo. Posteriormente toreó en Sevilla, volvió a torear en Madrid y en San Isidro, triunfó en
Pamplona, abrió la puerta grande en Santander y en Bilbao, siendo el único novillero de todos los tiempos en lograr todos estos triunfos, en estas plazas, seguidamente y en una misma temporada. 1​12 Días antes de tomar la alternativa, sufrió una cornada en el muslo izquierdo y una fractura de metacarpiano de la mano izquierda, que le hizo perder algunas novilladas, pero no le impidió tomar la alternativa triunfal el 19 de septiembre en Nimes. En una entrevista de MUNDOTORO en el 2009 Andres dijo ¨me da más miedo defraudar al público que perder la vida¨



miércoles, 1 de abril de 2020

UNA CORNADA TRUNCÓ SU GRAN CARRERA








Por ; Luis Muñoz Palomo







REFRÁN TAURINO.

Cuando el toro desconoce el tintineo del cencerro, de su rebaño se pierde.

UNA CORNADA TRUNCÓ SU GRAN CARRERA.

Manuel Mejías Rapela “Bienvenida “ El Papa Negro “ nació el día 12 de Febrero del año 1884 en la
localidad de Bienvenida ( Badajoz ) desde muy niño fue torero. Tomó la alternativa en Zaragoza el día 14 de Octubre del año 1905, confirmó en Madrid el día 14 de Marzo del año 1906, fue un torero poderoso, clásico y sólido.

Una cornada cambio taurinamente al Papa Negro, cambió su vida. Era inexplicable lo que le ocurrió a Bienvenida, un diestro que comenzó la carrera desde niño; que logró como ninguno dominar todas las suertes, todos los resortes de la profesión, y, sin embargo, a pesar de estos conocimientos, y de no ser más cobarde que otros que lograron sobresalir, y de tener excelentes facultades, se le vio decaer de un modo terrible.
Un toro de Trespalacios cambió su vida, los aficionados aún no se acostumbraban a creer que habían perdido a Bienvenida; aún esperaban, acaso con fundamento, la Resurrección o el despertar de tan bueno y simpático muchacho; aún pensaban muchos ver a Manuel adornarse con la capa, banderillear como el primero, pasar de muleta artista y reposado, y por último tumbar a su enemigo de una buena estocada recibiendo o de un excelente Volapie.
Duró su carrera sólo diez años, en ella toreó 237 corridas estoqueando 524 toros y fue el creador de la mayor dinastía de toreros de la historia del toreo, seis hijos toreros y una hembra fue su legado.
Manolo, Pepe, Rafael, Antonio, Ángel Luis, Juanito y Carmen Pilar. Entre ellos grandes toreros sobresaliendo Antonio Mejias Jiménez ( Antonio Bienvenida ) el torero de Madrid.
El Papa Negro fue un personaje de una prodigiosa intuición reveladora, cuando los éxitos de sus hijos Manolo y Pepe, le propusieron a Manuel que pusiera un rótulo en la puerta de su casa y un anuncio en el periódico:
Sevilla, Marqués de Paredes 33 “ FABRICA DE TOREROS “

LOS INICIOS DEL TORERO ANTONIO CHENEL ALBADALEJO “ ANTOÑETE “

Antonio Chenel “ Antoñete” nació en la calle Goya de Madrid, llegada la Guerra Civil. Su familia era de izquierdas y tuvieron que salir de Madrid, se marcharon a Valencia, pasando la contienda entre Valencia y Castellón y cuando regresan a Madrid, les echan de la Buhardilla de la calle Goya, por rojos, al padre que trabajaba en la fábrica de la moneda, lo dejan sin trabajo. Se tuvieron que ir a vivir a la plaza de toros, donde tenía la casa su hermana, casada con el mayoral de la plaza, Paco Parejo.
Antonio comenzó a acercarse a los matadores de toros, e incluso haciendo de toro, porque en esa época, entrenaban muchos toreros en la Gran Monumental de Las Ventas. Antonio descubre en el toreo un mundo fascinante. Comienza a escaparse de casa para asistir a capeas con su hatillo a la espalda. Enterada su familia le echan la bronca y es, cuando su cuñado le permite salir en alguna becerrada nocturna.
Paco Parejo le dice que el toreo es muy duro, pero como Antonio insiste, le mete en un cartelito en el que el becerro le da una auténtica paliza, al acabar la becerrada su cuñado se acerca y le dice:
Ves como no sirves para esto. Paco Parejo vislumbró que Antoñete sería torero.

Así nació el torero del mechón blanco, un gran torero a partir de encontrarse en Madrid con un toro blanco de Osborne llamado ATREVIDO. Corrida televisada y Antoñete paró el tiempo, yo tenía veintitantos años y no me despegué del televisor. Como decía el Fary. Grande maestro ANTOÑETE.


domingo, 22 de marzo de 2020

EL CREADOR DEL MONSTRUO.




   
 Por; Luis Muñoz Palomo

REFRÁN TAURINO.

El presidente en tronera y la mujer en barrera.






EL CREADOR DEL MONSTRUO.

Fue Ricardo K-Hito el que aseguró con plena admiración que Manolete ( Manuel Laureano
Rodríguez Sánchez ) era el torero que no sabía geografía, porque se arrimaba en todas cuantas plazas toreaba, para el, todas eran iguales.
En aquel día que vio la noble ancianidad de Angustias Sánchez, compendio de vida y muerte, de su mano él, su niño, su Manuel, nuestro Manuel, porque las gentes que no vimos a Manolete torear siempre hemos aplaudido entusiasmadas y emocionadas admirar su personalidad. Siempre fue el torero que en muy poco terreno conseguía una gran personalidad por si solo.
Era señor y torero en la plaza y en la calle. Su trato, su seriedad característica, Manolete era Cordoba, Manolete era España, compendio de todas las virtudes de la Piel de Toro.
Nació en un hogar modesto, nació para reinar y fue Rey del toreo. El más preciado de esa corona que ciñó en sus sienes. Dios se lo llevó a su Gloria en un pueblo Andaluz y minero, en un pueblo que lloró por su sangre derramada en una arena plomiza. Tarde de toros en Linares, tarde de toros y Gloria para el más grande de los toreros. Sonaron campanas de bronce y martillos de acero en Linares, Andaluz, minero y torero. GLORIA A MANOLETE.
UNA OBJECIÓN.



Se decía que el banderillero “ El Americano “ blasonaba constantemente de ser un furioso anticlerical, cuando en el fondo era todo lo contrario.
Pero lo cierto era que llevaba ya “ Molios “ a todos los compañeros de la cuadrilla con todo aquello de que él no creía en “ Na “ “ Na “ “ Na “ de las cosas De la Iglesia.
Hasta que un día yendo a torear a Palma de Mallorca se desencadenó en la travesía una tormenta que puso espanto en el ánimo del Americano, quien creía llegada su última hora.
De súbito cayó hinojos el “ Anticlerical,” y comenzó a aclamarse a Dios y a todos Los Santos.
¡ Dios mío ! Sácame de este apuro. ¡ Por mis hijos ! El banderillero Perdigón le atajó:
Oye. ¿ Por que no llamas ahora a Castelar y a Margall.








sábado, 21 de marzo de 2020

Al Miura y al loco, de lejos mírale el moco.




REFRÁN TAURINO.

Al Miura y al loco, de lejos mírale el moco.

PETICIÓN ATENDIDA, QUE JAMAS SE REPITIÓ.

Con fecha 10 de Octubre del año 1926 se celebró en la Plaza de toros de Las Arenas de Barcelona,
una corrida en la que los diestros Matías Lara “ Larita,” José Roger “ Valencia “ y Enrique Cano “ Gavira,” dieron cuenta de seis toros de la legendaria ganadería de Miura que, tiraron a mansos.
Tanto por su mansedumbre como por la preocupación con que siempre se lidiaba y se lidia esta divisa, la corrida en cuestión no divirtió al público.
Pero “ Larita “ cortó una de las orejas del cuarto toro, y no precisamente por aclamación, sino a petición propia, pues cuando, terminada la faena el diestro saludó al presidente, se encaró con él, exponiéndole que su faena era merecedora de una oreja.Y como el presidente no encontraba mayoría de pañuelos en los tendidos, “ Larita “ se sacó del bolsillo del chaleco un pañuelo blanco y se puso en mitad del ruedo a agitarlo mirando a la presidencia. Sumándose así a los pocos espectadores que hacían lo mismo.
Y dicho presidente, que, por lo visto, era un “ Chuflón “ accedió a la demanda, con gran satisfacción de Matías y sus
seguidores. Y la oreja subió al escalafón de matadores de toros.
Este caso, fue, es y será único en la historia del toreo.
Fotografías, izquierda José Roger “ Valencia “ derecha arriba, “ Gavira “ y abajo “ Larita.”

QUEDAMOS ENTERADOS.

José Jiménez “ El Poncho “ fue un banderillero gaditano de mediados del siglo XIX casado con una hermana del “ Cuco “ y el “ Lillo,” los famosos rehileteros paisanos suyos, y cuando hizo su presentación en Madrid, en el año 1848, se publicó de el esta Semblanza.

“ El Poncho “ es torero
ni fino ni basto,
valiente o medroso,
según el astado;
no es flaco ni gordo,
ni es alto ni bajo,
ni guapo ni feo,
ni bueno ni malo,
aplaudido a veces
y en otras silbado.

Y una vez sabidos todos estos datos, ¿ Verdad que uno queda muy bien enterado ?

jueves, 19 de marzo de 2020

Sebastian Palomo Linares




Sebastian Palomo Linares, ( 1947 - Madrid, 2017 ) La vida  del popular torero fue objeto de una película dirigida por Pedro Lazaga y protagonizada por él mismo: ¨Nuevo en esta plaza¨ (1966).


Sebastián Palomo Linares ha muerto. El conocido torero y pintor ha fallecio en el Hospital Gregorio Marañón tras haber sido sometido el viernes 21 de abril 2017 a un doble bypass aortocoronario a los 69 años de edad, tuvo tres hijos: Sebastián, Miguel y Andrés Bandi.


Tras actuar por primera vez con traje de luces al participar, en 1964, en una de las llamadas “corridas de la oportunidad” organizadas en la plaza de Vista Alegre, su debut con picadores el 3 de enero de 1965, Ondara (Alicante) y su Alternativa como matador de toros: 1966, Valladolid confirmada en Madrid el 19 de mayo de 1970. Las temporadas en las que más actuó en España fueron las de 1970 (80 corridas), 1971 (79), 1973 (78), 1974 (71) y 1976 (80). En 1972, en la plaza de Las Ventas (Madrid) alternando con Andrés Vázquez y Curro Rivera, cortó las dos orejas y el rabo al toro Cigarrón, de Atanasio Fernández, aunque su éxito fue polémico. 




Después de no haber vestido el traje de luces durante las temporadas de 1982 y 1983 y de haberlo hecho en treinta y cinco ocasiones en 1984, el 7 de mayo de 1985 se despidió del toreo en Granada.








viernes, 6 de marzo de 2020

Jose Tomas celebrara su 25 aniversario en Nimes



Jose Tomas celebrara su 25 aniversario de alternativa en la Feria de la Pentecostes, Nîmes en 2020 

Simón Casas contrata del diestro de Galapagar Jose Tomas por dos tardes en la plaza de toros francesa de Nimes

En la Feria de Pentecostes el 29 de Mayo  y el primero de junio y La Feria de la Vendimia, que se celebrará entre los días 18 y 20 de septiembre, 31 de mayo, Jose Tomas alterna con Pablo Hermoso de Mendoza, y cuatro meses después, el 20 de septiembre, lo hará con la rejoneadora francesa Lea Vicens.





covid 19

jueves, 20 de febrero de 2020

Andrés Roca Rey ya se encuentra en Colombia





Andrés Roca Rey ya se encuentra en Colombia preparando su próximo compromiso y afirma su reaparición el domingo 1º. de marzo a Santamaría de Bogotá,  Casa Toreros ha venido realizando un arduo trabajo para garantizar un buen desarrollo de la actual temporada Taurina de Bogotá (@RocaRey)