Andrés Roca Rey firmó, los momentos de mayor mérito y emoción en una corrida de juego deslucido y complicado.
Andrés Roca Rey, toreo con valor, autoridad y soberbia, La Plaza de Las Ventas se puso en pie a ritmo de ese derroche de valor y mando, de tal forma, que los que trataron de boicotear la faena, quedaron mudos frente a la gran mayoría de aficionados que los mandó a su casa. Un cierre por bernadinas de infarto antes de dos pinchazos y estocada. Ahí se quedó la segunda Puerta Grande de Andrés en esta feria.
Ficha del Festejo;
Miercoles 25 de mayo del 2022
Plaza de toros de Las Ventas (Madrid).
Feria de San Isidro.
‘No hay billetes’
Toros de Fuente Ymbro.
DIEGO URDIALES, de Verde y Oro, silencio y silencio.
ANDRÉS ROCA REY, de Azul Marino y Oro, ovación y ovación.
GINÉS MARÍN, de Corinto y Oro, silencio y silencio.
Nota; Fue el público quien valoró las faenas de Andrés ante toros de Fuente Ymbro, serios de hechuras con 600 kilos, pero de juego deslucido y complicado.
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La tauromaquia vuelve a imponerse y sus detractores encajan otro revés.
La reciente decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en México ha sido observada desde el extranjero como una nueva victoria para la tauromaquia y, al mismo tiempo, otro fracaso para los movimientos que buscan prohibirla por vía municipal.
El máximo tribunal mexicano invalidó la prohibición absoluta de espectáculos con animales en Tepic, al determinar que el ayuntamiento había excedido sus competencias y vulnerado la jerarquía legal frente a la normativa estatal. Con ello, actividades como la tauromaquia y las peleas de gallos podrán volver a celebrarse en la capital de Nayarit, siempre bajo regulación oficial.
La ministra Lenia Batres quedó en minoría, sin lograr que prosperara su postura de mantener el veto total. Para muchos observadores internacionales, este resultado confirma una tendencia:
Cada vez que los intentos prohibicionistas se apoyan en normas locales débiles, terminan cayendo ante los tribunales.
El mensaje que la Corte mexicana envía es inequívoco:
si la ley estatal permite una actividad cultural, los municipios no pueden anularla por decisión política o ideológica.
Un criterio que, según analistas, podría replicarse en otros estados mexicanos donde se han intentado maniobras similares, como Querétaro, Chihuahua o Baja California.
Desde fuera, la lectura es clara:
✔️ La tauromaquia sigue demostrando fortaleza jurídica y cultural.
✔️ Los intentos de prohibición sin sustento legal continúan acumulando derrotas.
José Ortiz
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Jesus Antonio Garcia Mariñelarena
Por Omar Alejandro Castrejón importante darle una leída y reflexión, "compartir nos ayuda a hacer entender a muchos la realidad en la que estamos en nuestro país”
De corridas de toros, jueces ideológicos, el negocio de los animalistas y la pérdida de libertades
La suspensión de la corrida de toros programada para el 30 de enero de 2026 en Provincia Juriquilla, Querétaro, no es un simple malentendido administrativo ni una discusión cultural. Es, en realidad, una postal bastante clara de cómo en México el Poder Judicial está empezando a operar más como árbitro ideológico que como garante de la ley.
Y cuando eso ocurre, casi siempre hay daños colaterales: libertades que se reducen, certezas que desaparecen y patrimonio cultural y ecológico que se pierde mientras todos discuten el síntoma y no la enfermedad.
La tauromaquia, guste o no, no es ilegal. No es una actividad improvisada ni fuera del sistema. Está regulada, tiene permisos, cumple con requisitos administrativos y forma parte de una tradición histórica reconocida. La corrida de Juriquilla tenía todas las autorizaciones necesarias. No se trataba de algo clandestino ni de una ocurrencia de última hora. Aun así, un juez federal decidió suspenderla mediante un amparo promovido por una organización animalista, extendiendo los efectos de su decisión a terceros que ni siquiera formaban parte del juicio. Porque claro, si algo no me gusta, lo lógico es prohibirlo para todos.
Aquí es donde conviene bajar el ruido y subir un poco el nivel técnico. El amparo no fue creado para cancelar actividades legales que simplemente incomodan a ciertos grupos. Para que proceda, se debe acreditar un interés jurídico o al menos un interés legítimo real, no solo una causa ideológica bien empaquetada. En muchos de estos casos, eso no ocurre. Además, se conceden suspensiones contra actos futuros e inciertos, es decir, se castiga algo antes de que pase, por si acaso. También se ignora el principio básico de que el amparo solo debe beneficiar a quien lo promueve y no afectar a toda una comunidad o a una actividad económica lícita. Y por si fuera poco, se suspenden permisos administrativos que gozan de presunción de legalidad, como si el juez pudiera sustituir alegremente a la autoridad competente. Todo esto, dicho en sencillo, es usar el amparo como herramienta política y no como instrumento jurídico.
Este tipo de decisiones no surgen de la nada. Viven cómodamente dentro del contexto que dejó la reforma al Poder Judicial Federal aprobada en 2024. Una reforma que prometía acercar la justicia al pueblo, pero que en la práctica ha servido para politizarla. La elección popular de jueces y ministros, el debilitamiento de contrapesos y la pérdida de autonomía han generado un sistema donde muchas resoluciones parecen responder más a la causa correcta del momento que a la Constitución. Y como si eso no fuera suficiente, los escándalos, conflictos internos y disputas públicas dentro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación han terminado de erosionar la confianza en quienes se supone deben ser árbitros, no activistas con toga.
Cuando jueces y ministros se convierten en protagonistas del debate político, la ley deja de ser un piso parejo y se vuelve plastilina. Se estira, se acomoda y se adapta según la presión mediática del día. En ese escenario, suspender una corrida de toros deja de ser una excepción y se convierte en una práctica normalizada de intervención judicial en la vida cultural, económica y social del país.
En este tablero también juegan ciertas organizaciones animalistas que se presentan como defensoras desinteresadas del bien común, pero que operan con estructuras de financiamiento, influencia política y protagonismo mediático bastante rentables. El discurso es moral y ecológico, pero la práctica muchas veces es selectiva. Se habla de proteger animales mientras se ignora convenientemente que las ganaderías de toro de lidia conservan enormes extensiones de ecosistemas, flora y fauna que no existirían sin ese modelo. Se exige la desaparición de la actividad sin decir, claro, que con ella desaparece también el toro de lidia como especie. Pero eso no suele caber bien en un eslogan.
Y no, este debate no se trata de convencer a todos de que les gusten los toros. Se trata de algo mucho más serio. ¿Qué pasa cuando el Poder Judicial decide qué tradiciones, negocios o actividades pueden existir según criterios ideológicos?, no puede resultar nada bueno. Porque una vez que se abre esa puerta, no hay razón para cerrarla.
Bajo la misma lógica con la que hoy se cancela una corrida, mañana se puede cancelar una obra de teatro porque alguien se siente ofendido, cerrar un negocio familiar porque no encaja con la nueva moral dominante o prohibir una fiesta tradicional porque no es suficientemente correcta. Un joven que hoy quiere emprender puede descubrir mañana que cumplir la ley ya no es suficiente. Que ahora también debe pasar el filtro ideológico del juez en turno. Una familia que vive de una actividad legal puede perder su sustento porque a alguien no le gusta cómo se ve desde afuera.
Y ahí está el verdadero problema. Cuando la ley deja de ser clara y predecible, las nuevas generaciones pierden algo básico: la certeza de que el esfuerzo, el trabajo y el cumplimiento de las reglas sirven para algo. Se instala la idea de que todo es provisional y que cualquier proyecto puede ser cancelado si no coincide con la causa correcta del momento.
Por eso, la suspensión de una corrida de toros no es un tema menor ni exclusivo de aficionados o detractores. Es una señal de alerta. Es un ejemplo concreto de cómo se pueden perder libertades, patrimonio cultural, ecosistemas productivos y derechos individuales cuando el Poder Judicial olvida sus límites. Defender el Estado de Derecho hoy no es una consigna abstracta. Es defender la posibilidad de que mañana alguien pueda vivir, crear, emprender y asociarse sin pedir permiso ideológico para existir.
Jesús Enrique Colombo, firmó una actuación de alto impacto al cortar tres orejas y rabo a toros de la prestigiosa ganadería de Apu Saywa.
El torero venezolano Jesús Enrique Colombo participó en una corrida de toros en Velille, Perú, el 11 de diciembre de 2025, donde cortó apéndices y salió en volandas tras indultar a un toro, “Maleante” Nº 59.
Actuación en Velille Capital taurina de Chumbivilcas y del Cuzco, con su toreo vibrante, firme y de gran verdad desató la emoción en los tendidos.
El 11 de diciembre de 2025, Jesús Enrique Colombo hizo el paseíllo en la plaza de toros Zenón Montes de Velille, en la provincia de Chumbivilcas, Cusco, compartiendo cartel en un mano a mano con el matador español Manuel Perera. Se lidiaron toros de las ganaderías de Bedregal y Apu Saywa, y Colombo logró cortar palmas, una oreja, y dos orejas y rabo, además de indultar a un toro de Apu Saywa.
Su participación fue parte de las festividades en honor a la Patrona Inmaculada Concepción, un evento tradicional y de gran importancia taurina en la región, conocido como "Velille 2025"
Al final de la tarde, salió en volandas, compartiendo el triunfo y la gloria junto al matador Manuel Perera, en una jornada que ya es historia viva de la tauromaquia en Velille.
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En la Plaza de Las Ventas, mediodía dominical de toros, en realidad de novillos, y de nostalgias. Con recuerdos atrapados, más que en las cabezas, en los corazones. Y un cartel de figuras para rendir homenaje a Antonio Chenel 'Antoñete', torero de toreros, quien falleció el 22 de octubre de 2011, pero cuya esencia y sabiduría siguen vigentes en la fiesta. Y lo seguirán por siempre.
La plaza, llena. Y el ambiente, hasta el tope. Tras un paseíllo colmado de ovaciones para los actuantes, y uno en particular para José Antonio Morante de la Puebla, autor de la idea del festejo, sucedieron, una tras otra, las faenas de quienes desempolvaron los trastos para saludar al gran Chenel.
Pablo Hermoso de Mendoza se encontró con un ejemplar de El Capea que se fue apagando, pero del que sacó embestidas, tras ponerse, con su cuadra, en terrenos de auténtico riesgo. Rejón de muerte con defectos de colocación. De todas maneras, gran lección del caballero navarro. Ovación.
Una media verónica de Curro Vázquez, digna de Belmonte y de Antoñete, levantó a más de uno de sus asientos. El novillo de Garcigrande tuvo movilidad. Con ella, el Curro de Madrid hizo una oda a la suavidad y al temple hasta sacar oles hondos de los viejos aficionados y, no menos, de los nuevos. Faenón y dos orejas a este joven de 74 años.
Vino entonces Frascuelo, quien en dos lances añejos revivió su gran cartel en este ruedo. Una faena reunida, en vista de las condiciones del de Garcigrande, le permitió al alternante mayor de todos dejar destellos de su expresión artística. Espada tendida y trasera. Petición y vuelta al ruedo.
César Rincón, uno de los reyes de Madrid volvía y, con él, la memoria de sus epopeyas y sus puertas grandes. Le fue devuelto el novillo original porque no veía bien. El bis de Garcigrande tuvo como recibimiento una tanda de capote templada y mandona , de esas tan suyas.
Y con la muleta, se lo trajo de largo, sí , como en el 91. Y lo metió en la canasta. Sobre ambas manos, mientras 24 mil personas ovacionaban sin parar. Y todo en los medios. Todo rematado con ayudados de postín. Pinchazo y entera. Dos orejas a ley y Madrid a sus pies. Palmas al novillo en el arrastre.
Las chicuelinas de Enrique Ponce pararon los segunderos. Como también pasó cuando las trincherillas o en ese cambio de mano eterno o en los naturales convertidos en circulares. En fin, en toda una obra de física excelencia. Una oreja cortada a este, también de Garcigrande.
Morante de la Puebla, encarnado en 'Gallito' tanto en la usanza como en las maneras, hizo de Las Ventas un solo grito de admiración tras aparecer en el ruedo. El toro ensabanado de Osborne, muy parecido al inmortal que le permitió a Antoñete triunfar en esta misma arena el 15 de mayo de 1966, no tuvo mucho motor y prefirió defenderse antes que embestir. Como si nada, el de la Puebla se las arregló para dejar huella de su tauromaquia. Oreja.
Olga Casado despidió la tarde. La novillera española, con otro ejemplar de Garcigrande, hizo gala de torería en el capote, no sólo en las verónicas sino en un quite por gaoneras, hechos con verdad y autenticidad. Frente al reservón de Garcigrande, Olga Casado se mantuvo al control con un planteamiento en el que la técnica y la belleza de las suertes ejecutadas mantuvieron la atención y la emoción de los tendidos. Espadazo y dos orejas.
Rondda 16 noviembre 1954: César Girón, Antonio Bienvenida y Antonio Ordóñez.
En 1954, Antonio Bienvenida, Cayetano Ordóñez «Niño de la Palma» y César Girón protagonizaron la primera Corrida Goyesca de Ronda, un festejo taurino histórico que se celebró para conmemorar el bicentenario del nacimiento de Pedro Romero, inaugurando una tradición anual que se convertiría en un gran acontecimiento social y cultural.
Manuel Benítez Pérez, conocido como "El Cordobés", es un legendario torero español nacido el 4 de mayo de 1936 en Palma del Río (Córdoba). Se convirtió en un ídolo de masas y un icono internacional durante la década de los sesenta, famoso por su estilo atrevido y su ascenso desde orígenes humildes a la fama mundial. Proclamado como Quinto Califa del Toreo por el Ayuntamiento de Córdoba en 2002, un título que comparte con otras leyendas como Lagartijo, Guerrita, Machaquito y Manolete.
Además de su carrera en los ruedos, participó como actor en varias películas en la década de 1960, como Aprendiendo a morir y Chantaje a un torero, lo que solidificó su estatus como figura mediática. Actualmente, Manuel Benítez sigue siendo una figura pública y ha recibido alta médica tras ser intervenido para implantarle un marcapasos a mediados de 2025.
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